miércoles, 26 de abril de 2017

LOS ESCOTOS

Pueblo gaélico de Irlanda que en el s. VI se estableció en el NO de Gran Bretaña y en el IX se apoderó de la actual Escocia, a la que dio nombre.Escoto es el nombre genérico con el que se designa a los piratas y aventureros de origen gaélico procedentes de Hibernia (Irlanda) que se asentaron en la costa occidental de la actual Escocia, a partir del s. IV, y que formaron, junto con los caledonios, pictos, anglosajones y britanos, uno de los cinco reinos en los que se dividió la región norte de la isla británica. Gracias al debilitamiento, bajo los ataques vikingos, del poderoso pueblo de los pictos, el pueblo de los escotos pudo extender su influencia territorial por toda la zona, llegando incluso hasta territorios del actual País de Gales (colonias de Pembrokeshire y Caernarvonshire).
Durante el s. V fundaron en el norte el reino de Dalriada, dinastía que, en el año 843, bajo el reinado de Kenneth I McAlpin, impuso su autoridad sobre la debilitada monarquía de los pictos, pueblo que se integró con los escotos en un único pueblo, dando así comienzo a la historia de Escocia como reino independiente. A partir de ese momento, todas las fuentes se refirieron al reino como Scotland (tierra de los escotos). Los escotos fueron cristianizados a lo largo de todo el s. V, evangelización que llevó a cabo con éxito san Columbano y sus monjes, cuando éstos arribaron a las costas escocesas procedentes de una de las múltiples corrientes migratorias irlandesas de la época.

Pese a los continuos esfuerzos de los emperadores romanos por dominar la isla de Britania, la impronta de Roma apenas caló en los territorios del norte poblados por pictos y caledonios, pueblos ambos de origen céltico que se estructuraban en tribus y eran gobernados por caudillos locales. Ambos ofrecieron a Roma una pertinaz resistencia que no sólo se redujo al aspecto defensivo, sino que intentó restar territorios al Imperio romano mediante continuas incursiones por los territorios del sur. El emperador romano Adriano se vio forzado a levantar la muralla que lleva su nombre para detener las correrías continuas de pictos y caledonios, la cual luego fue reforzada por Antonino Pío, pero sin que, a la larga, sirviera para gran cosa, puesto que gran parte de esta acabó siendo destruida. El emperador Teodosio el Grande, a finales del s. IV, consiguió una serie de victorias importantes sobre los pueblos del norte de Britania que permitieron restablecer momentáneamente el control de Roma sobre las tribus nativas, aunque éste fue más un dominio nominal que efectivo, ya que todo el territorio llevaba casi más de un siglo bajo una absoluta confusión política que fue aprovechada por el pueblo irlandés de los escotos, los cuales llevaron a cabo una invasión violenta y devastadora de la parte occidental de la isla, en el año 367.

El año 410 significó la conclusión efectiva y presencial del dominio romano sobre Britania, como consecuencia directa de las devastaciones de los escotos, del propio debilitamiento del Imperio romano occidental y, también, por la aparición en la isla de dos nuevos pueblos invasores que vinieron a complicar todavía más el ya de por sí complicado mapa político de Britania, los sajones y los britanos, los cuales fueron ocupando los espacios vacíos que iban dejando los ejércitos imperiales romanos a medida que iban retrocediendo hacia el sur.

Los escotos poblaron la parte occidental de la isla y, en principio, no dejaron de mantener estrechas relaciones con el norte de Irlanda, su tierra de origen. Durante todo el s. VI, el pueblo de los escotos se estableció en Argyll, donde fundó el reino de Dalriada. Por su parte, los pictos, el pueblo más poderoso a lo largo de todo el período previkingo, dominaron las lejanas tierras del nordeste, al norte de Forth; al sur de la línea Forth/Clyde y en la región de Clyde se asentaron los britanos, en el sudoeste de la isla, en Alclyde; mientras que la costa este, desde Northumbria hasta Cornualles quedó bajo el control de los sajones, en las llamadas Lowlands. Estas cuatro tribus más los caledonios acabarían fusionándose, en mayor o menor grado, para conformar la futura Escocia.

Paralelamente a la reestructuración política y social de la zona, una vez que los romanos abandonaron la isla, se produjo la gradual cristianización de las tribus paganas de origen celta o germánico, la cual se consolidó definitivamente en las primeras décadas del s. VI, gracias a la labor de los misioneros nativos y, en especial, a los monjes irlandeses (escotos) del monasterio de san Columbano. Como consecuencia de ello, la primitiva Iglesia de Escocia se organizó monásticamente, según era costumbre entre los países de origen céltico recién cristianizados.Las relaciones entre los diferentes pueblos de la zona fluctuaron bastante, alternándose períodos de paz y buenas relaciones con otros de manifiesta enemistad y enfrentamientos armados con el fin de extender sus respectivos dominios territoriales a costa de los pueblos vecinos. A la larga, los dos reinos que se mostraron más decididos y más fuertes fueron los escotos y los sajones, aunque éstos últimos acabaron frenados y confinados por los pictos en su expansión hacia el norte, en la región de Northumbria, lo que dejó el campo libre a los escotos, quienes iniciaron un largo periplo de enfrentamientos con sus vecinos del este, los pictos, enfrentamientos que, poco a poco, se fueron decantando a favor de los primeros.

A lo largo de todo el s. VIII, las familias reales de los escotos y pictos concertaron una serie de matrimonios entres sus miembros, lo que dio lugar a la aparición de herederos con derechos dinásticos sobre ambos reinos. A comienzos del s. IX se produjo la primera etapa hacia la unidad de ambos reinos con monarcas como Constantino y su hermano Oengo II, que gobernaron sobre ambos reinos. Sin embargo, el impulso definitivo hacia la unión total no se produjo hasta el comienzo de la oleada de invasiones escandinavas (vikingos suecos) sobre las poblaciones del norte y noroeste de Britania a mediados del s. IX, las cuales, tras varios años de saqueo continuo y sistemático, dejaron como única huella colonizadora algunas poblaciones sin importancia en la zona. El control ejercido por los escandinavos sobre el mar centró los intereses de los irlandeses de Escocia a esta región, lo que aceleró la toma de conciencia de los escotos como pueblo. Así pues, al aprovechar su superioridad bélica sobre los pictos y bajo el pretexto de unir las fuerzas de ambos reinos para frenar las incursiones de castigo escandinavas en la zona, el rey escoto Kenneth I McAlpin se autoproclamó, en el año 843, monarca de ambos pueblos, y estableció su nueva capital en Scone. A partir de ese preciso momento el nuevo reino pasó a denominarse Escocia (Scotland, 'tierra de los escotos').
La unidad entre pictos y escotos no sólo no se quebró, sino que se mantuvo inalterable, a pesar de las continuas y sangrientas luchas dinásticas derivadas del sistema electivo de sucesión a la Corona escocesa que enfrentaron a las familias más poderosas de los escotos y los pictos, las cuales se alternaron en la sucesión. La monarquía escocesa adoptó las tradiciones e instituciones de ambos pueblos.
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