lunes, 29 de agosto de 2016

RHETRA...LA CONSTITUCIÓN DE LICURGO

Con el nombre de Rhetra (cuyo valor semántico equivale a 'cosa dicha' y también a 'dictamen' e incluso 'pacto') se conoce la Constitución que Licurgo estableció en Esparta y que ha llegado gracias a las informaciones contenidas en La República de los Lacedemonios, obra atribuida ya por los filósofos alejandrinos al historiador Jenofonte (si bien, algunos autores, entre ellos, K. M. T. Chrimes, señaló en 1948 la posibilidad de que fuera obra del socrático Antístenes, quien la redactaría en el año 395 a.C.). Asimismo, los datos de Heródoto, historiador del siglo V a.C., y autor que atribuía a Licurgo las medidas constitucionales espartanas, y sobre todo la biografía que Plutarco escribió a finales del siglo II d. C., son fuentes fundamentales e ineludibles para el conocimiento de tal Constitución.
Licurgo habría instituido sus reformas políticas, militares y sociales, como reacción a las crisis internas (motivadas por la mala relación existente entre los reyes espartanos, los éforos y la Gerousía) y a los reveses sufridos por Esparta a raíz de la segunda Guerra Mesenia, sin olvidar las tensiones derivadas por el contacto con otras potencias, entre ellas, Argos y Tegea.
De acuerdo con la tradición, Licurgo, de quien afirma Plutarco que nada se puede decir de tal personaje que sea cierto, ante el estado crítico de Esparta habría viajado por muchos países para estudiar sus Constituciones y aplicar lo mejor de ellas a su Estado. Tras consultar al oráculo de Delfos, vuelto a Esparta redactó su Constitución. Respecto a la fecha de la misma nada se puede determinar; los historiadores modernos (N. G. S. Hammond, P. Oliva, W. G. Forrest, G. L. Huxley) fijan una fecha imprecisa entre los siglos IX y VII a.C.
El texto de la misma, oscuro y manipulado con el paso de los años, se añadieron, según Plutarco, frases por los reyes Teopompo y Polidoro, una cláusula complementaria (Adición a la Rhetra), así como unos versos, obra de Tirteo, y recogidos por Plutarco yDiodoro de Sicilia; incidía, tras aludir al templo de Zeus y de Atenea y a las tribus y obai(tribus locales), en tres aspectos fundamentales: las instituciones políticas, la educación espartana, y la estructura social y económica.
Las instituciones comprendían una monarquía doble (diarquía), un cuerpo de cinco magistrados (éforos), un consejo de 30 miembros (Gerusía) y una asamblea (Apella), formada por todos los varones adultos.
-La diarquía. La monarquía doble y aristocrática, vitalicia y hereditaria, fue quizá el rasgo más notable de las instituciones espartanas. Acerca de su origen se han argumentado varias hipótesis. Los reyes (llamados por Plutarco archagetai), se sucedían en opinión de Heródoto, a quien siguen algunos historiadores, por derecho de primogenitura dentro de dos familias descendientes de Eurístenes y Procles, hijos gemelos del heráclida Aristodamo. Para la moderna historiografía el hecho de dos monarcas debe verse en la propia constitución de Esparta como polis, al fusionarse las dos comunidades de Pitana y de Limnnas, siendo Arquelao y Carilo tal vez los primerosdiarcas, o bien en el compromiso étnico entre dorios y aqueos.
Las funciones de los dos reyes fueron honoríficas, excepción hecha de los asuntos militares, pues eran los conductores del ejército en caso de guerra. Presidían las ceremonias religiosas y eran inviolables en cuanto a sus personas. Tal vez la dualidad se debió a necesidades reales, tendentes a evitar el poder absoluto que hubiese significado la existencia de un único rey.
-Los éforos. Licurgo limitó la autoridad de los dos reyes con la creación de un cuerpo de magistrados (éphoroi), elegidos anualmente por la Asamblea. Uno de los problemas acerca de la antigüedad y autenticidad de la Rhetra descansa en la no mención de loséforos en la misma. En cualquier caso, podría especularse que cuando se redactó la institución del "eforado" apenas contaría con importancia, de ahí su no inclusión. Únicamente a partir del 754 a. C. se comenzaron a datar los años con el nombre de unéforo. Precisamente, el mayor de ellos daba nombre al año. Si bien Heródoto atribuyó a Licurgo la creación del "eforado", Aristóteles y Plutarco la adjudicaron al rey espartano Teopompo. De acuerdo con lo que se sabe acerca de tal institución en tiempos clásicos, los éforos (¿inicialmente sacerdotes?) disponían de los tres poderes (legislativo, ejecutivo y judicial). Presidían la Gerousía y la Apella, declaraban la guerra, llamaban a filas a los espartanos, acompañaban a los reyes en los combates y firmaban la paz. Administrativamente, vigilaban la educación de los jóvenes, controlaban las finanzas e incluso podían desautorizar a los dos monarcas y proceder contra ellos en la Gerousía. Imponían multas y podían dar muerte a los ilotas sin necesidad de juicios previos. A fin de que el poder de tales magistrados no degenerara en tiranía, debían actuar de modo colegiado. El "eforado" fue evolucionando con el paso de los años. Aristóteles en suPolítica valoró negativamente tal cuerpo de magistrados.
-La Gerousía. Venía a ser el senado espartano. Estaba compuesta, además de por los dos reyes, por otras 28 personas menores de 60 años (gerontes) y de procedencia aristocrática. Su nombramiento era vitalicio. Aunque se está muy mal informado de cuáles serían sus competencias, a ellos les incumbía aprobar los proyectos de ley, que luego se someterían a la Apella, juzgar a los criminales, susceptibles de pena de muerte o destierro, y vigilar las costumbres de los ciudadanos. Con los años, esta institución acabó siendo controlada por los éforos.
-La Apella. Era la asamblea mensual del pueblo espartano, reunida al aire libre primero y luego en un edificio llamado Skías. La presidían los dos reyes y los gerontes y era el órgano consultivo, si bien no tenía poder decisorio. Formaban parte de ella todos los espartanos mayores de 30 años. Votaban las leyes y en sus reuniones se nombraban a los éforos y a los gerontes y si era el caso intervenía en las disputas por las sucesiones reales. De todos modos, es muy poca la información que se posee de tal institución.
La educación espartana (agogé), siempre encaminada a una óptima vida militar, se basaba en varios pilares: comidas colectivas (syssítia), adiestramiento de los jóvenes en las armas y separación de sexos. Era el Estado quien dirigía la educación, incumbiendo a los éforos la vigilancia de la misma. Hasta los 7 años el niño estaba al cuidado de su madre. De los 7 a los 20 años eran controlados por educadores oficiales (paidónomos), debiéndose endurecer y saber soportar cualquier dificultad. La disciplina quedaba en manos de los portadores del látigo ('martongorophoi') y de los vigilantes('eirenes'). A partir de los 20 años era ya considerado guerrero, participando en losphiditia o syssítia (las comidas colectivas), y teniendo entonces derecho a un lote de tierra (kléros). A los 30 años alcanzaba la situación de ciudadano (podía participar en laApella) y era entonces cuando podía constituir una familia. A los 60 años abandonaba las armas.
La educación de las muchachas fue similar a la de los jóvenes; para hacerlas fuertes se alimentaban con una sola comida al día, muy parca y sin condimentos. Además debían ejercitar el cuerpo con entrenamientos físicos, parecidos a los de los hombres, a fin de engendrar hijos fuertes, lo que hacía de ellas personas tan vigorosas y valientes como los hombres.
La educación intelectual para ambos sexos fue muy baja y sucinta: nociones de música, lectura y de escritura.
La población espartana estuvo dividida en distintas categorías. Fundamentalmente, fueron tres las clases sociales. La primera estaba formada por los espartiatas (homoioio 'espartanos iguales'), lo que les daba derecho a todas las prerrogativas políticas (comidas colectivas, posesión de lotes de tierra de los que vivían, pero que no cultivaban, servicio de armas). En el supuesto de empobrecimiento o de haber sido castigados con la atimía, eran degradados a la condición de hypomeiones.
A los iguales le seguía la clase de los periecos o 'habitantes de la periferia', que no eran considerados ciudadanos, aunque perteneciesen a la comunidad espartana. Su función consistía en cultivar la tierra (en realidad, los espacios más pobres o peroikis), en criar animales (cerdo y cordero) y dedicarse al comercio, a la artesanía o a la industria. Siempre estuvieron sometidos a la autoridad de los espartanos.
Por debajo se hallaban los ilotas (cautivos), descendientes de los primitivos habitantes locales (laconios y mesenios). Se desconocen muchos aspectos sociales y jurídicos de esta clase, si bien se supone que debían trabajar la tierra de los espartiatas (lotes okleroi), y entregarles parte de la producción obtenida. En casos concretos podían alcanzar la manumisión y si la necesidad lo exigía eran enrolados en el ejército. Dado que los ilotas fueron superiores en número, el Estado esprtano instituyó el sistema de las criptias ('krypteiai'), mediante el cual periódicamente se podían eliminar a cuantos fueran sospechosos de rebelión.
La estructura del ejército quedó también regulada, según señaló Jenofonte. A losespartiatas los distribuyó en seis moras de jinetes y hoplitas. Cada mora estaba compuesta por un polemarca, cuatro capitanes, ocho penteconteres y 16 enomotarcos. Licurgo organizó, asimismo, la disposición de los campamentos militares, que debían ser vigilados contantemente por centinelas.
Respecto a la economía, Licurgo, de acuerdo con lo dicho por Plutarco, procedió a unanadasmós, esto es, a un reparto o redistribución de la tierra. A tal efecto repartió la tierra del valle del Eurotas (tierra política) en nueve mil lotes (kleroi) entre losespartiatas a título hereditario, pero éstos no la cultivaron, sino que dejaron tal actividad en manos de las clases sociales inferiores. Al parecer, el resto der la tierra (30.000 lotes) lo distribuyó entre los periecos.
Tampoco dio mucha importancia a la artesanía y al comercio, dado que el espartano sólo se debía a las armas. De hecho, prohibió a los hombres libres ocuparse de nada que produjera lucro, ordenando que se dedicasen "a actividades que procuraran sólo libertad a las ciudades". Este enfoque hizo que Esparta tuviese una economía autárquica, sin que se llegase a conocer la moneda de metales nobles hasta tiempos tardíos (280 a.C.).
Para que su Constitución fuera respetada, de acuerdo con la fábula, Licurgo hizo jurar a los espartanos que en nada la modificarían hasta que él no regresase de un viaje. A fin de que cumplieran lo jurado, se dejó morir de hambre.
La moderna historiografía ha determinado que la Rhetra venía a ser el compendio de una serie de usos, ritos e incluso actos mágicos muy anteriores a Licurgo, quien se habría limitado a codificar las costumbres espartanas, dándoles estructura racional, pero oligárquica, y haciéndolas descansar ante todo en el valor físico, orillando en no pocos casos los valores intelectuales e incluso morales. Tal vez, a partir del siglo VI a.C., agitada internamente Esparta, al éforo Quilón, hijo de Damageto, se le ocurrió la idea de una vuelta al pasado, sirviéndose para dar consistencia a sus reformas del mítico nombre de Licurgo, nombre que todavía, sin duda, decía algo a los lacedemonios.

Bibliografía


  • CHRIMES, K. M. T., Ancient Sparta, Manchester, 1952.
  • FORREST, W. G., "The date of the Lykourgan Reforms in Sparta", Phoenix, 18, 1963. pp. 157-179
  • FORREST, W. G., A History of Sparta. 950-192 B. C., Londres, 1968.
  • HAMMOND, N. G. S., "The lycurgean Reform at Sparta", Journal of Hellenic Studies, 70, 1950, pp. 42-64.
  • JONES, A. M., "The Lycurgan Rhetra", Ancient Society and Institutions. Studies... V. Ehrenberg, Oxford, 1966. pp. 165- 175.
  • LEVY, E., "La grande Rhetra", Ktema, 2, 1977, pp. 85-103.
  • MICHELL, H., Sparte et les Spartiates, París, 1953.
  • OLIVA, P., Esparta y sus problemas sociales, Madrid, 1983.
  • RUIZ SOLA, A. (ed.), Las constituciones griegas, Madrid, 2000.
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  • WADE-GERY, H. T., "The Spartan Rhetra in Plutarch", Lycurgus, VI, Classical Quaterly, 37, 1943, pp. 62-72.
  • https://akropolishistoria.files.wordpress.com/2015/07/esparta.jpg
  • http://www.enciclonet.com/articulo/constitucion-de-licurgo/#
  • http://www.elclarin.cl/web/images/stories/2011/julio/licurgo.jpg
  • http://4.bp.blogspot.com/-TNPdeG0Un9Y/URKmFlxSv2I/AAAAAAAAAHQ/4Led0vAY8A8/s1600/athensowlcoin.jpeg
  • http://3.bp.blogspot.com/-8V0NThy2btU/UkROOOkrckI/AAAAAAAAENU/W0sNWQnmsos/s1600/Constitucion-espartana.jpg

viernes, 26 de agosto de 2016

LA MUJER VIKINGA...SU PAPEL EN LA SOCIEDAD



La sociedad vikinga no fue una sociedad matriarcal en absoluto, tampoco nos llevemos a engaño ni exageremos más allá de lo que realmente fue en un sueño romántico emborrachado de feminidad o feminismo, no obstante, tampoco podríamos tacharla de ser una sociedad “masculinista” en la que la mujer no tuvo ningún rol o papel más allá del reproductor, como sí sucedía en otras muchas sociedades contemporáneas y en muchas sociedades hasta hace, como se diría, cuatro días, o en algunas a día de hoy.
Lo que vamos a ver es el papel que jugó la mujer vikinga de clase media-alta, la esposa del bónði, el hombre libre con cierta posición y estatus dentro de la comunidad. Por supuesto, existieron otras mujeres de otras condiciones sociales como las esclavas, que no tenían apenas derechos, o las mujeres de los grandes jarls – nobles – o de los reyes que disfrutaron de muchas más prerrogativas que las mujeres libres, especialmente a nivel económico y social.
La mujer casada, la esposa del bónði que hemos mencionado, era la húsfreyja. Esta mujer mostraba su estatus privilegiado mediante ciertos elementos del vestuario que contenían un alto valor tanto funcional como práctico; por ejemplo, el manojo de llaves que colgaba de su cinturón o de los broches de sus vestidos, que no eran si no las llaves de los arcones, cofres, armarios o baúles de la casa, donde se guardaban las pertenencias importantes. Cuantas más llaves, más arcones y, por ende, más riqueza. Según el cronista y diplomático Ibn Fadlan – quien convivió con los vikingos del Este en el siglo X :

“cada mujer lleva en cada seno una caja de hierro, plata, cobre u otro; el valor de la caja indica la riqueza del marido. Cada caja tiene un anillo del que pende un cuchillo. Las mujeres llevan cadenas en el cuello de oro y plata, uno por cada 10.000 dírhams que su parido posee; algunas llevan muchos. Sus más preciados ornamentos son cuentas de cristal verde que se encontraban en los barcos”.

Detalle de la vestimenta de una vikinga; podemos observar los detalles, los objetos, y las cadenas.
Detalle de la vestimenta de una vikinga; podemos observar los detalles, los objetos, y las cadenas.
La húsfreyja era la señora, la dueña y la máxima autoridad de la casa; era la que mantenía el control y la organización de las propiedades sin necesidad del beneplácito o la aprobación del marido. Era la jefa en el interior de la casa, lo que los vikingos llamaban innan húss, y que, simbólicamente, significaba que era la señora “pasada la viga del umbral” o innan stokks, un elemento que delimitaba jurídicamente el territorio doméstico frente al territorio público. Más allá de la viga, esto es, fuera de la casa o útan stokks, el dominio era del hombre, sin embargo, la mujer también se convertía en la dueña de toda la granja en ausencia del marido o husbóndi, esto es, cuando éste se encontraba fuera por estar comerciando o de incursión. En estos casos se ayudaba de los esclavos y del resto del personal de la granja para poder organizarlo todo.

¿Cuáles eran estas tareas femeninas? Las mujeres se encargaban del aprovisionamiento de la granja, de la organización de los alimentos y su conservación tanto de los del día a día como del almacenamiento para los meses de invierno. Las mujeres eran las que cocinaban para la comunidad y los hombres, por lo general, eran los que llevaban la comida a casa, aunque las mujeres también participaban en ello, generalmente practicando algún tipo de pesca menor en ríos o en la costa y recolectando frutos secos y hierbas ya que, según parece, la medicina – si podemos llamarla así – era cosa de las mujeres también. Las mujeres atendían a los pobres y a los miserables y, en sus ratos libres ( o no tan libres ) tejían y bordaban en el telar ya que eran ellas las que se encargan de la fabricación de casi toda la ropa de la familia y de la casa; desde los pantalones hasta los tapices que colgarían de las paredes. Las mujeres más modestas realizarían estas tareas en pequeños grupos comunitarios y, si tenían, ayudadas por esclavas. Aquellas más pudientes, como las mujeres de grandes jarls o reyes no habrían desempeñado estos papeles más que de forma simbólica, esto es, simplemente supervisando, recayendo la tarea física en sus mujeres de compañía y esclavas.

Y no sólo a nivel económico u organizativo la mujer era importante, sino que la sociedad vikinga tenía grandes consideraciones morales para con ella; era el alma de la sociedad, mientras que el marido era el brazo, ella era la autoridad moral de la familia y el marido la fuerza. La mujer vikinga era la guardiana de las tradiciones familiares y sociales, la que de forma oral inculcaba a sus hijos los valores sociales y morales, la que les enseñaba religión y la que les transmitía las leyendas y la historia de los vikingos y sus antepasados. Era la guardiana del legado vikingo, la que educaba a los futuros vikingos y vikingas para que fuesen apoyándose en aquello que fueron. A los chicos les enseñaban las artes de la guerra o las tareas masculinas de la granja los padres o parientes masculinos, cierto es, no obstante, los importantísimos conceptos de honor y valor los aprendían también de las madres, especialmente durante los primeros años de vida. Ellas inculcaban la teoría que debían aprender para el día de mañana ser de facto vikingos y vikingas. Por supuesto, y aunque sea una obviedad, las niñas aprendían absolutamente todo de sus madres. Y no sólo se encargaban de los propios hijos, sino que criaban y educaban a aquellos huérfanos o a aquellos que estaban en régimen de intercambio o acogida procedentes de otras familias, algo muy común entre los clanes vikingos.

En este sentido y para algunos investigadores, las mujeres habrían sido las iniciadoras de la poesía escandinava derivado de esta tradición oral que mantenían viva. También eran las que llevaban a cabo la magia seiðr, un tipo de magia que los dioses aesir aprendieron de la diosa vanir Freyja y que habría quedado exclusivamente para el género femenino, no estando muy bien visto que la practicasen los hombres

Además, la mujer también defendía activamente el honor de su clan, ya que si bien no podía emprender o exigir acciones judiciales en el Thing o asamblea de gobierno, sí podía instar a su marido, padre o familiares masculinos a hacerlo. Y lo hacía. El hecho de estar excluidas de los asuntos públicos de índole gubernamental respondía principalmente a razones físicas ya que para los vikingos el orden lo componían la fuerza y la ley, y no radicaba en cuestiones de inferioridad a la hora de considerar a las mujeres. Y no participaban en el Thing porque, curiosamente, las vikingas no tenían derecho a  portar armas, hecho que radicaba, se cree, en un concepto importantísimo en la idiosincrasia de los vikingos, el concepto del honor. Uno de los derechos fundamentales de la sociedad vikinga era el de portar armas; todos los hombres libres podían – y debían – llevar consigo un arma. Los campesinos las portaban mientras realizaban las tareas de la granja y muchos hombres las colgaban de la pared al lado de sus camas, para tenerlas a mano en todo momento. El propio Hávamál reza:

“Don’t leave your weapons lying about behind your back in a field; you never know when you may need all of sudden your spear”


Sin embargo, este derecho tenía excepciones; mujeres y esclavos quedaban fuera del privilegio (y el deber ) de portar armas. Los esclavos está bastante claro, pero ¿por qué estaba prohibido que una mujer llevase armas? Se cree que esta prohibición no era tanto una cuestión de desprecio o subordinación como de protección contra la violencia hacia las mujeres. Para los vikingos, dañar a una mujer era vergonzoso incluso aunque fuese accidentalmente, no porque fuesen inferiores, sino porque eran consideradas importantes. Como un vikingo, por honor, no atacaría jamás a un hombre desarmado – a un semejante vikingo, se entiende, otra cosa eran cristianos y aquellos habitantes de los lugares donde saqueaban –, prohibir que las mujeres llevasen armas era un medio de protección para evitar que ningún hombre se sintiese tentado de lastimarlas de ninguna manera. En el caso de que el daño o el ataque se produjese, el hombre que lo había cometido era castigado y la deshonra le perseguía.  No obstante, bien es cierto que en una época tan dura como la Era Vikinga y en una sociedad en la que las mujeres pasaban muchos veranos solas en las granjas o acompañadas de niños, ancianos y esclavos cuando los hombres se iban de expedición, todos y todas sin excepción sabían defenderse con las armas; una cosa es que de forma habitual no pudiesen llevarlas encima, y otra muy distinta que no las supiesen utilizar y que no dudasen en hacerlo cuando fuese necesario para protegerse a ellas mismas o a los suyos. Conceptos como el honor, el coraje, la fuerza y la independencia eran cualidades altamente valoradas tanto en hombres como en mujeres en la sociedad escandinava durante la Era Vikinga

Como podemos ir observando, al contrario que en muchas sociedades coetáneas, las mujeres no eran consideradas un mero o un simple objeto de placer, no eran vistas como simples paridoras cuyo único cometido era el de ser perpetuadoras de la especie, si no que éstas estaban enormemente respetadas por sus semejantes masculinos en parte, precisamente, porque eran las madres de los futuros vikingos y vikingas. Incluso en términos puramente sexuales, las mujeres gozaban de respeto y libertad. La mujer en la sociedad vikinga era la que daba la condición social de los hijos, esto es, de madre esclava, hijos esclavos, y de madre libre, hijos libres, no siendo determinante la condición social del padre más que en algunos casos puntuales. Además, la categoría social y el estatus de un hombre podía basarse en la categoría de la futura esposa y por ello conseguir riquezas, a base de comercio o de expedición, para concertar un buen matrimonio era tan importante. Los matrimonios sólo se producían entre familias o clanes de similar condición económica, si uno quería casarse con la hija de un jarl o un rey, debía aportar una suma de dinero al contrato matrimonial equivalente a la que aportaría la esposa.

El cuerpo de las mujeres no era un bien masculino y, de hecho, la violación de una mujer libre era uno de los pocos motivos en los que los vikingos y su asamblea de gobierno contemplaban la pena de muerte. Más allá aún, las crónicas árabes andalusíes que hacen referencia a los vikingos nos hablan de una moral sexual mucho más laxa de la que podríamos pensar, influidos por la moralidad cristiana, pero no sólo para los hombres, de los que sabemos tenían concubinas e, incluso, más de una esposa en ocasiones, sino también para las mujeres quienes, como sabemos, podían pedir el divorcio no sólo si el marido era impotente y  no podía darles hijos (algo sumamente importante para la sociedad escandinava) sino también si el marido no las satisfacía .

Enlazado con esto, debemos matizar que la poligamia estaba aceptada en algunos casos (debemos desechar de nuestra mente todo concepto de amor y relación de pareja actual), sin embargo, generalmente esta poligamia la practicaban los hombres con concubinas esclavas que apenas tenían derechos, aunque existía ( según los cronistas normandos ) el matrimonio more danico; un matrimonio en el que el vikingo tenía más de una esposa y, si bien no sabemos si se consideraba oficial o no, los hijos fruto de este matrimonio sí eran reconocidos oficialmente e, incluso, tenían acceso a la herencia y al trono.




Emparentado con el matrimonio, algo que mucha gente no conoce de los vikingos es que en esta sociedad existía el divorcio y que los matrimonios podían disolverse si no eran satisfactorios por cualquiera de las dos partes implicadas. El único requisito para poder divorciarse era solicitarlo en presencia de algunos testigos, esto es, las mujeres podían exigir la separación del marido y, más aún, generalmente eran ellas quienes lo hacían ya que, como veremos, divorciarse llegaba a salirle muy caro a algunos hombres...  Considerar un matrimonio insatisfactorio podía pasar por muchos motivos, siendo los más comunes según sabemos la infertilidad, la impotencia, los malos tratos o mala gestión económica de la granja, de hecho, los malos tratos suponían un motivo de divorcio ipso facto. Una vez casada, la mujer seguía perteneciendo a su clan de origen por lo que, si se solicitaba el divorcio, la mujer vikinga estaba en su derecho de solicitar de vuelta todo el monto que había aportado al matrimonio. Cuando se acordaba una boda en la sociedad vikinga, cada parte aportaba una suma al matrimonio: los vikingos el “mund” (o el precio de le novia) y las vikingas el “heimangerð” (o la dote). Al divorciarse, las vikingas tenían el derecho de recuperaban su dote y, además, si la culpa del divorcio era considerada del marido, éstas podían exigir su parte también. Así, una vikinga divorciada tenía suficiente independencia económica como para sobrevivir y volverse a casar si así lo deseaba, aunque sabemos que las segundas nupcias no fueron muy habituales. Las Sagas nos cuentan que el divorcio llegaba a suponer la ruina de algunos hombres y que éstos habrían hecho todo lo posible no separarse de sus mujeres.

Aunque hemos visto que, por lo general, las mujeres no llevaban armas y no luchaban, debemos hacer honor a la realidad (según las Sagas ) de la existencia de algunas mujeres guerreras; las famosas escuderas o skjaldmö. Algunas mujeres acompañaron a sus hombres en las incursiones o en las batallas, como meras acompañantes, para atender heridos, preparar comidas, resguardar los campamentos y demás tareas domésticas y, a veces también, para luchar. En este último sentido encontramos la semilegendaria figura de las skjaldmö, las doncellas escuderas vírgenes que peleaban junto a los guerreros en el ideario mitológico nórdico. Algunas skjaldmö famosas fueron Lagertha o Freydís Eiríksdóttir, hija de Eirik el Rojo. Sin embargo, a día de hoy las únicas referencias que tenemos de ellas son en escritos como las Sagas o el Gesta Danorum de Saxo Gramático, y no podemos sustentarnos en evidencias arqueológicas.


                           
                               Freydis luchando contra los Skraelingar.

Lo que sí nos ha revelado la arqueología hasta la fecha es que existieron mujeres de alto estatus a las que se les prestaron grandes atenciones en el funeral, algo que podemos ver a través del ajuar. Ser enterrada con tales bienes hace suponer a los historiadores que también los disfrutaron en vida y un gran ejemplo de ello es el conocido barco funerario de Oseberg, uno de los hallazgos arqueológicos más fascinantes y fastuosos en cuanto a contenido hallado en el ajuar funerario y que, precisamente, se corresponde con un entierro de dos mujeres. Además, gracias a las imágenes plasmadas en las piedras rúnicas podemos conocer aspectos tan dispares como las vestimentas femeninas o algunas de sus ocupaciones, como los telares y la costura.

Barco funerario de Oseberg, hallado en la región de de Tønsberg (Vestfold, Noruega) a principios del siglo XX . Se encuentra visitable en el Museo de barcos vikingos de Oslo.
Barco funerario de Oseberg, hallado en la región de de Tønsberg (Vestfold, Noruega) a principios del siglo XX . Se encuentra visitable en el Museo de barcos vikingos de Oslo.


Como nota curiosa y aunque ambos son vikingos; parece ser que las mujeres de los varegos o de los rus ( los escandinavos que se instalaron en el Este, en las zonas eslavas ), estuvieron muy alejadas en cuanto a consideración y derechos en la sociedad de las mujeres vikingas de los países escandinavos o de las colonias en Inglaterra, Islandia y demás. ¿Qué pasó para que las vikingas dejasen de tener este estatus o esta condición? La mujer vikinga fue perdiendo sus prerrogativas, esas que la hacían característica y distinta a las mujeres de muchas sociedad medievales coetáneas, conforme el cristianismo avanzó y penetró en la sociedad escandinava, relegando el papel de la mujer e imponiendo la visión cristiana de ésta, mucho más sumisa, recatada y apartada del ente público. Curiosamente, los países escandinavos son actualmente los principales promotores de los movimientos feministas.

Bibliografía:

Monografías.

  • BOYER, Régis. La vida cotidiana de los vikingos (800-1050). José J. de Olañeta, ed, Palma de Mallorca, 2005.
  • COHAT, Yves. Los vikingos, reyes de los mares. Ed. Aguilar Universal, Madrid, 1989.
  • DONALD, Logan F. The Vikings in history. Routedge, Londres, 1991.
  • HALL, Richard. El mundo de los vikingos. Ed. Akal Grandes Temas, Madrid, 2008.
  • JONES, Gwyn. A History of the Vikings. Oxford: Oxford University Press, Londres, 1968.
  • OXENSTIERNA, Eric Graf. Los vikingos. Ed. Caralt, Barcelona, 1977.
  • SAWYER, Peter. The Oxford Ilustrated Histiory of the Vikings. Oxford University Press, Oxford, 1997.
  • SOMERVILLE, Angus A. The Viking Age. University of Toronto Press, Toronto, 2010.

Recursos web.

sábado, 20 de agosto de 2016

LOS COSACOS....GUERREROS-GUARDIANES RUSOS



A lo largo de varios siglos los cosacos han tenido un papel clave en las guerras y en la formación del Estado ruso. Mediante una larga transformación de una explosiva mezcla de grupos de aventureros y buscadores de libertad con las tribus que habitaban las estepas entre los mares Negro y Caspio nació una casta militar que a juicio de muchos extranjeros que la vieron “en acción” fue una caballería única e incomparable en el mundo.

Jinetes natos, los cosacos se mostraban también brillantes guerreros polifacéticos, sabiendo sobrevivir y vencer en combates de todo tipo. Los cosacos pudieron resistir asedios de tropas enemigas muy superiores actuando como artilleros y zapadores. En las largas marchas por desiertos y estepas y en condiciones de agua racionada y escasez valían más que la caballería regular de cualquier país, Rusia incluida.
Menos conocida e incluso más importante que sus proezas y audacia en la guerra fue el duro servicio de los cosacos en las extensas fronteras rusas y su lucha contra las incursiones de pueblos nómadas (de los que adquirieron varias de las tácticas y maniobras “de estepa” que tanto sorprendían a la caballería regular de los países europeos, por ejemplo en la guerra contra Napoleón). Los destacamentos cosacos hicieron una importante labor de escolta de numerosas expediciones de geógrafos, oficiales de inteligencia militar, exploradores y topógrafos rusos y también sirvieron de guardianes de embajadas rusas en Estados asiáticos.
El origen étnico de los cosacos es aún una cuestión en estudio, pero en cualquier caso con el tiempo entre ellos empezó a predominar la etnia eslava y la religión cristiana ortodoxa.


El origen exacto de los cosacos modernos se desconoce pero existen muchas teorías al respecto, que se pueden clasificar en dos grandes grupos: “migratorio” y “autóctono”.
La idea básica del primer grupo de teorías es que los cosacos son descendientes de los cherkeses del Cáucaso, los kasogos (tribu de origen tártaro), los pechenegos, los torkos y bródnicos (tribu nómada de origen eslavo) entre otros pueblos.
El segundo grupo de teorías defiende la idea de que las comunidades cosacas se formaron a partir de grupos de rusos y ucranianos que en la Edad Media huyeron de sus señores. Otra versión de esta teoría es que se desplazaron por razones económicas (teoría de la colonización).
Los principales núcleos de población cosaca se encuentran en las regiones de los ríos Don y Dniéper. A finales del siglo XIV en estas regiones se formaron varias comunidades grandes cerca de las vías comerciales más importantes de la época. En el siglo XVI las comunidades cosacas formaron dos potentes organizaciones territoriales independientes, las llamadas “huestes”: la Hueste del Don (en los meandros bajos del río Don) y la Hueste de Zaporozhie (en el río Dniéper, también llamada “Zaporózskaya Sech”). Estas comunidades sirvieron de imán para todo tipo de buscadores de fortuna, aventureros, siervos huidos de sus amos… Varios historiadores afirman que los destacamentos cosacos también incluían pueblos de origen turco. 
Más tarde, con el crecimiento del Estado ruso y la incorporación a Rusia de Ucrania (en cuyo territorio se ubicaba la Hueste de Zaporozhie), en el territorio ruso surgieron otras “huestes” de cosacos. A inicios del siglo XX en el país había once huestes cosacas: la del Don, la del Kubán, la de Oremburgo, la de Siberia, la de los Urales (denomida “del Yaik” hasta la sublevación de Pugachov), la del Amur, la de Semirechie, la de Astracán, la del Ussuri, la del Térek y la del Yeniséi.
En 1917, año en que estalló la revolución rusa, en el país había 4 434 000 cosacos.
Hoy por hoy no existen datos oficiales sobre el número de cosacos y sus descendientes ya que en la elaboración del censo no se pregunta sobre el origen étnico. Según diferentes sondeos, en Rusia residen cerca de cinco millones de cosacos.

Inicialmente los principios básicos de la organización interna de las comunidades cosacas eran la libertad personal de todos sus miembros, la igualdad social, el respeto mutuo y la libertad para expresar su opinión en el Círculo de Cosacos, el máximo organismo administrativo de la comunidad. Cualquier cosaco podía votar en la elección de los atamanes, así como ser electo a este cargo administrativo. 
Hasta el siglo XVIII los cosacos fueron totalmente independientes en cuanto a su administración militar y civil, jurisdicción, relaciones exteriores, etc. Pero durante este siglo el Imperio ruso les exigió el servicio militar y lealtad a cambio de tierra, salario y otros privilegios. La paulatina subordinación de las comunidades cosacas al poder de los zares con frecuencia llevaba a sublevaciones de estos guerreros, muchos de los cuales recordaban los relatos de sus antepasados sobre los años de su independencia. El control estatal, recrudecido sobre todo durante el gobierno de Pedro I desembocó en varias sublevaciones (a veces protagonizadas por campesinos pero siempre encabezadas por cosacos), las más importantes de las cuales fueron las de Stepán Razin (en el siglo XVII), Kondrati Bulavin (durante el reinado de Pedro I) y la lucha campesina liderada por cosacos con Yemelián Pugachov a la cabeza (durante el reinado de Catalina II).
Los pronunciamientos de los cosacos recibieron siempre una contundente respuesta punitiva de las autoridades rusas. Por ejemplo, tras la sublevación de Bulavin, la Hueste del Don fue oficialmente privada de su autonomía. Para castigar la fuerte y violenta insurrección campesina de Pugachov, liderada por los cosacos de la Hueste del Yaik, Catalina II mandó, además de privar a los cosacos de la zona de autonomía que les quedaba, cambiar el nombre tanto del río Yaik como de la propia hueste cosaca, que, como el río, recibió entonces el nombre de “Ural” en uno de los pocos casos de la historia en los que un cambio de nombre no se efectuó para recordar sino para olvidar. La misma Catalina ordenó la disolución de la Hueste de Zaporozhie y el derribo de la fortaleza de estos cosacos ucranianos por temor a que brindaran apoyo a Pugachov. Como consecuencia de ello parte de los cosacos de Ucrania hubo de retirarse a las orillas del río Kubán, donde formaron la Hueste del Kubán.
A inicios del siglo XIX los cosacos constituían una clase social reconocida en Rusia, siendo los principales defensores de las fronteras del país (aunque el Gobierno también tuvo que enviar tropas regulares a sus fronteras meridionales para defenderse de las incursiones de los tártaros de Crimea). El contingente cosaco participaba además en todas las guerras que llevaba a cabo Rusia e incluso formaba parte de la guardia personal de los emperadores. Como recompensa a su servició militar recibieron una amplia autonomía social, tierras de cultivo y la exención del pago de impuestos.
A partir de 1815, un año después de la derrota definitiva de Napoleón, a la que inestimablemente contribuyeron los cosacos, todas las Huestes pasaron a ser administradas por el Estado Mayor del Ministerio de Defensa. Además, también después de las guerras napoleónicas, tres regimientos de cosacos se incorporaron a la guardia rusa. Se estableció que el servicio militar de los cosacos durase veinte años (reducidos a dieciocho años en 1909), cinco de ellos a tiempo completo y el resto en la reserva. Cabe destacar que el Gobierno daba tanta importancia a esta espina dorsal de la caballería rusa que a partir del 1827 el atamán formal de todas las Huestes cosacas era también heredero al trono imperial.

Durante la guerra civil(1927) rusa la mayoría de los cosacos intervino en contra del poder soviético. Pese a que algunos tomaron partido por el lado bolchevique (quizá el más conocido de ellos fue Semión Budionny, futuro mariscal del Ejército Rojo), las regiones con población cosaca fueron un baluarte del movimiento blanco. Sus agrupaciones más numerosas fueron el ejército del Don, en el sur de Rusia, y los ejércitos de Oremburgo y los Urales, en el este.
Sin embargo, al inicio de la guerra civil, los cosacos se limitaron a expulsar a los bolcheviques de sus tierras sin brindar apoyo al emergente movimiento blanco. Varios cosacos de la Hueste del Don tenían planes para fundar su propio Estado y otra parte de los cosacos se unió al Ejército Blanco. Cuando el movimiento antibolchevique fue derrotado, los cosacos se quedaron solos ante el Ejército Rojo.
Durante la guerra civil la población cosaca fue sometida a represiones masivas, que comenzaron en 1919 por decisión del Comité Central del Partido Bolchevique. Lev Trotski fue totalmente tajante: “Los cosacos son la única parte de la nación rusa capaz de alcanzar la autodeterminación. Por esta razón deben ser eliminados”, afirmó el fundador del Ejército Rojo y segunda persona más importante del país. Lenin respaldó el macabro fallo y empezó la llamada “descosaquización”: fusilamientos, arrestos y deportaciones. Las tierras cosacas fueron repobladas por personas leales al nuevo régimen. Gran parte de los cosacos que participaron en el movimiento blanco emigró. En el exilio algunos de los que durante las guerras anteriores habían formado parte de los destacamentos de plastuný sirvieron de instructores de combate cuerpo a cuerpo en la Legión francesa y en unidades de la Infantería de Marina estadounidense.

                          
                                              Plastuný
En 1936 las tropas cosacas renacieron en la Unión Soviética y los cosacos volvieron al Ejército por decreto especial del Gobierno. Sin embargo, durante la Segunda Guerra Mundial una parte, sobre todo emigrados, batalló del lado alemán.
En 1945 los “cosacos colaboracionistas” (parte de los cuales no eran ciudadanos soviéticos) fueron extraditados por las tropas británicas a la URSS. Distintas fuentes indican que se trataba de entre 45 000 y 50 000 personas. Los generales y oficiales colaboracionistas fueron ejecutados. Los cosacos de unidades colaboracionistas fueron condenados a distintas condenas de exilio y trabajos forzados. En 1955 fueron amnistiados.
No obstante las anteriores persecuciones, la mayoría aplastante de cosacos, sobre todo del Kubán y del Térek, peleó heroicamente por la patria en unidades de caballería y cuerpos mecanizados de caballería creados en 1943. Asimismo los cosacos del Térek y Kubán integraron los famosos batallones y hasta divisiones de plastuny, con permiso para llevar fuera de combate el uniforme tradicional de sus respectivas Huestes.
Además de las unidades puramente cosacas, muchos cosacos destacaron individualmente. Los más famosos fueron el armero Fiódor Tókarev, diseñador de la famosa pistola TT-30/33 y el fusil semiautomático SVT-40; el oficial tanquista Dmitri Lavrinenko, el mejor de las tropas blindadas soviéticas, que destruyó 52 tanques alemanes hasta su muerte en diciembre de 1941; el teniente general Dmitri Kárbyshev, especialista de fama mundial en fortificaciones, torturado hasta la muerte en 1945 junto con otros 500 prisioneros del campo de concentración de Mauthausen; y el almirante Arseni Golovkó, comandante de la Flota del Norte durante la guerra.

Matvéi Plátov, Fiódor Tókarev, Semión Budionny y Dmitri Lavrinenko

En los años de postguerra los cosacos fueron vistos por el Gobierno como simples campesinos, aunque con tradiciones folclóricas y trajes regionales propios. Hasta finales de los años ochenta del siglo XX, durante la perestroika de Mijaíl Gorbachov, los descendientes de cosacos no comenzaron a reavivar sus tradiciones. Tras la desintegración de la URSS los cosacos participaron activamente en varios conflictos militares en el territorio del extinto país.
Actualmente el Gobierno ruso está impulsando el restablecimiento de los cosacos como casta militar. Se fundan nuevas escuelas de cadetes que se rigen por las antiguas reglas del Imperio ruso.


Campañas cosacas más destacadas

Colonización del sur de Rusia, Siberia y Lejano Oriente
Hasta el siglo XVI las relaciones entre los cosacos y el poder central ruso se caracterizaron por los esfuerzos del Gobierno por canalizar la actividad y belicosidad cosaca en provecho del país… en caso contrario estos atrevidos amantes de la libertad podrían lanzarse en alguna empresa peligrosa.
Bastaría como ejemplo de esta política de contención la fundación en 1589 a orillas del Volga de la ciudad de Tsaritsin, llamada a defender esta importante vía fluvial de las incursiones cosacas, y que a mediados del siglo XX entraría en la historia de la Segunda Guerra Mundial bajo el nombre de “Stalingrado” (ahora Volgogrado).
Sin embargo, mediante una colonización económico-militar los cosacos unieron a Rusia vastos territorios en las estepas al sur del país que ahora forman parte de Rusia y Ucrania. Pero un regalo aún más importante fue entregado a Rusia en el siglo XV, cuando un destacamento de 500 cosacos encabezado por el atamán Yermak Timoféyevich conquistó Siberia e, incapaz de retener tal extensión de tierra, recurrió a la ayuda del Gobierno ruso.
Terminado el periodo de caos y guerra civil en Rusia que siguió a la muerte del entonces zar ruso Borís Godunov, fueron los cosacos los que procedieron a una colonización normal de Siberia hasta el océano Pacífico y fundaron fortalezas que pronto se convirtieron en ciudades. Ahora estas ciudades y puntos geográficos llevan los apellidos de estos cosacos, como el cabo Dezhnev, el punto más oriental de Asia, en la costa ártica de Siberia, o la ciudad de Jabárovsk, llamada así en honor a Yeroféi Jabárov.

                   
Conquista de Siberia
El asedio de Azov
A medida que el Gobierno ruso estrechaba sus lazos con los cosacos con el envío de “salario” y pertrechos (plomo y pólvora), las comunidades cosacas, sobre todo la Hueste del Don, se iban sintiendo más dependientes de Rusia. Finalmente los cosacos del Don optaron por recuperar su independencia absoluta tomando la ciudad de Azov, el punto más importante de las tierras adyacentes al estratégico mar Negro y mar de Azov, desde el cual podrían controlar las rutas comerciales del área. En 1637 los cosacos del Don, dirigidos por Mijaíl Tatarin (por cierto, apellido que significa “tártaro”) y en alianza con los de Zaporozhie, empezaron el asedio de esta ciudad, parte entonces del Imperio otomano. Los trabajos de ingeniería, durante los que se voló un fragmento del muro de la fortaleza, fueron dirigidos por un cosaco “de la tierra alemana”, según los manuscritos. En menos de tres meses, tras un ingenioso asedio, la fortaleza fue tomada por asalto y la guarnición turca eliminada.
Los cosacos declararon que la ciudad sería la capital de la Hueste del Don… tremenda bofetada al poderoso Imperio otomano. Durante las conversaciones con el Gobierno turco, Rusia condenó la incursión cosaca, pero tal como siempre había defendido, afirmó que los cosacos son independientes de Rusia. Además la permanencia de cosacos en Azov relajó considerablemente la presión sobre las fronteras rusas por parte de los tártaros de Crimea (vasallos de Turquía) y redujo drásticamente la cantidad de incursiones tártaras en el sur de Rusia. Los cosacos recibieron (en secreto) cantidades adicionales de pertrechos.  
Los turcos tardaron años en reunir un ejército para recuperar la ciudad. Inicialmente la contraofensiva se postergó debido a una guerra contra Irán y a la muerte en 1640 del sultán Murad IV. El nuevo sultán, Ibrahim I, envió un enorme ejército turco, calculado en 240 000 guerreros, en 1641.
Unos 7500 cosacos se defendían en la fortaleza. Tras un intento fallido de asalto, los turcos procedieron al asedio, que empezó en junio de 1641, hostigando la fortaleza con la artillería e intentando minar sus muros. Pero los cosacos resultaron superiores a los turcos en el arte de la guerra de minas: las contraminas cosacas volaban las galerías subterráneas turcas con los zapadores dentro. Aunque en agosto la artillería turca había prácticamente arrasado los muros de la fortaleza, los turcos cesaron los ataques, con graves bajas y totalmente desgastados. El veintiséis de agosto el ejército turco de retiró. Los cosacos pagaron cara su sorprendente victoria: tan solo mil defensores sobrevivieron.
Los supervivientes se dieron cuenta de que en lo sucesivo no podrían resistir ante un enorme imperio y enviaron una embajada a Moscú para solicitar, como sucediera en Siberia durante el reinado de Iván el Terrible, que “tomara la ciudad bajo el mando del zar ruso”. Esta vez Rusia, tras largas discusiones, rechazó el “regalo” cosaco y recomendó a los guerreros que abandonasen la ciudad. 
En 1642 los cosacos se marcharon de Azov.
En 1695 Rusia quiso repetir la hazaña de los siete mil cosacos pero el numeroso ejército enviado fracasó en la misión. Un año después, y con el propio Pedro I a la cabeza, otro gran ejército ruso se enfrentó al reto. En esta ocasión lo superó, pero con multitud de bajas. Sin embargo, en 1711 Rusia tuvo que devolver la ciudad a Turquía. Finalmente, tras otra guerra ruso-turca, en 1739 la ciudad pasó definitivamente a formar parte de Rusia.



Cosacos contra Napoleón
Los méritos de los cosacos del Don en la lucha contra la invasión napoleónica son ampliamente conocidos. Hasta la toma de París, todas las tropas cosacas estuvieron bajo las órdenes del conde Matvéi Plátov, legendario atamán de la Hueste del Don.
En todo el Ejército ruso y hasta en Europa se dio a conocer la extraordinaria promesa de Plátov  contraída durante la retirada de las tropas francesas. El afamado general prometió la mano de su hija María (las mujeres cosacas tenían fama de ser muy hermosas) y dos mil rublos (una suma colosal, puesto que en aquella época una vaca costaba entre dos y tres rublos) a cualquier soldado que hiciese prisionero a Napoleón.
El teniente Jean-Baptiste Nicolas Savin-Dernier, el último veterano vivo de la Grande Armée, se quedó a vivir en Rusia y durante sesenta años sirvió de profesor en un colegio de Sarátov. El antiguo militar recordaba que cuando fue llevado ante Plátov, el furioso general le golpeó en la cara y mandó que le llevasen un vaso de vodka para que no se congelara.
“Los cosacos son la mejor caballería ligera de todas las existentes. Si los tuviera en mi ejército, cruzaría todo el mundo con ellos”, afirmó Napoleón sobre este pueblo. Sin embargo, pronto abandonaría los elogios…  
En su huida de Rusia, el emperador se detuvo en Varsovia, donde en presencia del asombrado Gobierno polaco narró que había tenido que pelear en Rusia contra bárbaros y contra cosacos que no eran sino demonios transformados en seres humanos. “El diablo está dentro de los cosacos”, asustó a su auditorio el emperador.  
El mismo retrato fue repetido por Napoleón en vísperas de la toma de París por las tropas aliadas. En toda la ciudad se desplegaron imágenes de cosacos con cara de feos diablos prendiendo fuego a casas. Sin embargo, los parisinos vieron atractivos jinetes, perfectamente formados, uniformados y disciplinados. Según recordó el famoso escritor Victor Hugo, los cosacos se mostraron apacibles y corteses.


http://www.tatianasolovievaproducciones.com/producciones/cosacos-de-rusia/
http://rusopedia.rt.com/datos_basicos/poblacion/issue_354.html
http://historiaybiografias.com/cosacos/